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Revista N° 31


"MI LEMA ES QUE SE PUEDE"
La primera mujer gerente general de una multinacional en la Argentina

Recorrido profesional y personal de la intensísima vida de esta mujer que desde muy chica soñó con ser gerente general de una multinacional, sus primeros trabajos, su carrera universitaria, sus parejas, la decisión de adoptar a los 54 años y su vuelta al país en 2002 para crear Daltosur.
Su nombre es María Luisa Fulgueira, conocida en el mundo de la cosmética internacional por haber trabajado en ese rubro desde los años ’60 hasta la actualidad, ocupando diversos cargos en compañías nacionales e internacionales hasta convertirse en gerente general de una empresa multinacional en nuestro país, como soñaba siendo adolescente.

Lo primero que sorprende al conocerla es su calidez y sencillez, quizá por eso pudo ocupar puestos de liderazgo en un universo masculino o tal vez porque, como ella misma afirma, “la clave está en dejar de lado la arrogancia”. Lo cierto es que a base de trabajo y esfuerzo, dos cualidades primordiales para ella, llegó a ser la primera mujer gerente general de una multinacional en la historia argentina.

CE: ¿Cómo te presentarías siendo alguien con tantas aristas para destacar?
Me llamo María Luisa Fulgueira, tengo 62 años, soy contadora pública, aunque nadie lo crea.

CE: ¿Por qué nadie lo creería?
Porque cuando tenía 12 años pensaba en ser ingeniera química, pero mi papá se quedó ciego y entonces tuve que estudiar la única carrera que permitía estudiar y trabajar.

CE: ¿Y vos qué querías estudiar?
Cuando tenía 17, si me preguntabas qué quería ser cuando fuera grande, quería ser gerente general de una multinacional; no tenía la menor idea de lo que significaba, pero mi mamá cuando mi papá se enfermó siempre nos decía que si mi papá hubiera sido funcionario de una multinacional nuestra vida hubiera sido más fácil, entonces decidí que quería ser gerente general de una multinacional.

CE: ¿Cuál fue el primer lugar donde trabajaste? ¿Qué edad tenías?
Empecé a trabajar cuando tenía 17 años, en una compañía que se llamaba Eli Lilly and Company, que no existe más, que importaba cápsulas de gelatina vacías, y ahí hacía un trabajo que hoy se llama Servicio al Cliente, que implica tomar los pedidos por teléfono. Obviamente que no había mails ni nada de eso, así que a través de telex mandábamos las zonas al exterior e importábamos. Estuve ahí desde el ’66 al ’68.

CE: ¿Qué hiciste después?
En 1968 empecé a trabajar en el Chase Manhattan Bank cuando era de Rockefeller, el Banco Argentino de Comercio, y ahí estuve tres años. Entré como asistente del número dos del banco, y nos ocupábamos entre otras cosas de formar gerentes a futuro; estuve ahí hasta el año ’71, siempre dentro de una línea administrativa y mirando la gerencia general como el objetivo final.

CE: ¿Y a partir del ’71?
En el año ’71 hasta el ’76 hice de todo lo que es administrativo en una empresa inglesa, Sir Alexander Gibb and Patners, que se ocupó de hacer la consultoría para la obra Chocón-Cerro Colorado, que es la que provee electricidad a la Capital Federal y el Gran Buenos Aires y toda la línea hasta la Patagonia, y ahí me tocó hacer de todo, desde manejar la gente hasta ocuparme de los problemas personales de los tipos que vivían en Neuquén.

CE: ¿Cómo continuó tu vida laboral?
Me recibí en 1976, y ahí empecé a ser ayudante de cátedra en la facultad.
En un momento en que quería cambiar de trabajo, comencé a trabajar en una compañía que se llamaba Liquid Carbonic, que era un grupo de 14 compañías.
En Liquid Carbonic hacía un trabajo que hoy se llama reingeniería, que en ese momento no existía ni la palabra, y lo que hacía era diagnosticar el problema que la organización tenía y diseñar una solución, que fue lo que después se llamó reingeniería.

CE: Estuviste trabajando en La Paz un tiempo, ¿cómo fue esa experiencia?
Sí, cuando estaba en el medio de la reingeniería de gases industriales, un día vino mi jefe y me dijo que me tenía que ir a La Paz, Bolivia, porque allá había problemas con la contabilidad.

CE: Y allá fuiste...
Fui 15 días a La Paz; realmente la contabilidad estaba mal llevada y cuando volví, la compañía había decidido que me quedaría a vivir allá. Así que estuve en La Paz desde 1978 hasta 1980, con dos puestos simultáneos: haciendo la reingeniería de Liquid Carbonic de Bolivia ahora, que era lo mismo que yo había hecho acá, y como gerente general, organizando y formando una compañía que hasta ese momento no existía que se llamaba Novadata Boliviana, que vendía computadoras, y había que vender…

CE: ¿Y cómo te fue con esto de “vender”?
Yo me reía porque anteriormente a veces salían avisos en el diario que pedían contadores para venta técnica, y alguno de mis amigos me decía: “¿Por qué no te presentás?”, “Porque yo no puedo vender nada”, respondía yo. Ese era mi concepto sobre mí.

CE: Que luego cambió, por lo visto.
Tal cual, esto de que yo no podía vender pasó por un proceso de crítica. Lo primero que nos tocó hacer allá fue participar en una licitación por computadoras por 1 millón de dólares, en el año 1978, que no es el millón de dólares de hoy. Nosotros éramos una compañía absolutamente desconocida que vendía unas computadoras que se llamaban Data Set. Y nuestros competidores eran IBM, Burrows y National NSR. La licitación duró muchos meses.
Ahí me di cuenta de que toda la vida había vendido un producto que era yo misma, y que eso me había servido para llegar donde había llegado. Así tuve mi primera gerencia general de una compañía multinacional en un país como Bolivia, siendo mujer, en 1978, y además todos sabemos que las mujeres de alguna manera tenemos un techo de cristal que no es fácil de perforar, porque no es fácil llegar a puestos de alto nivel, las estadísticas lo prueban. Las mujeres son el 50 por ciento de la fuerza laboral, pero son el 8% de los puestos de dirección.

"Hago bastantes cosas por el tema de la mujer, aunque no soy feminista y siempre me parece bueno aclararlo”.
- María Luisa Fulgueira

CE: Antes dijiste que estuviste allá hasta 1980, ¿por qué volviste?
En el ‘80 volví porque hubo una devaluación muy fuerte, y empecé a trabajar en Xerox. Fui una de las primeras mujeres gerentes en Xerox, estuve cuatro años. Ahí tuve cinco gerencias.
Después me fui a una compañía nacional relacionada con el gremio textil a seguir haciendo reingeniería, hasta que un día dije: “Quiero volver al mundo multinacional porque esto no es lo mío”.

CE: ¿Qué diferencia encontrabas entre trabajar en una compañía nacional y una multinacional?
Hay una diferencia muy grande en la forma de tratar a la gente entre la compañías multinacionales y las compañías nacionales, y esto a mí no me funcionaba, no me hacía sentir cómoda… Tengo tres anécdotas muy cómicas. En la primera compañía nacional donde trabajé era una compañía de capital judío, y empecé a trabajar en septiembre, era el Día del Perdón y caía jueves. Entonces la compañía decidió que no se iba el viernes, por lo cual íbamos a trabajar una hora más durante una semana, o empezabas una hora más temprano o te ibas una hora más tarde. Y yo soy más de la noche que de la mañana, pero no podía quedarme hasta más tarde y decidí ir una hora más temprano. En la puerta, hasta la hora que llegaran los recepcionistas, había un señor mayor, que era el padre de un amigo del dueño, y me preguntó qué hacía ahí. Le expliqué que había que trabajar una hora más… “Eso es para los empleados, no para la gente”, me dijo. “¿Cómo los empleados y la gente?, somos todos gente”, respondí. “No, vos sos gente y los empleados son empleados”, y no me dejó entrar, me mandó a tomar café a la esquina hasta que fuera la hora de entrada. Por supuesto que después me quedé una hora todos los días a la tarde porque no me iba a echar una vez que estaba adentro. Pero eso da cuenta de cómo, porque eras gerente, tenías otro tratamiento, mientras que en las compañías multinacionales en general, somos todos iguales. Por ejemplo, lo que recibe un empleado por almuerzo, por decir algo, en una compañía multinacional es igual al valor de lo que recibe el gerente y el cadete, y bueno tuve algunas experiencias de esas y decidí volver al mundo multinacional.

CE: ¿Y cómo fue esa vuelta?
En el año ’88 por un aviso en el diario entré a Dow Corning, que es una compañía multinacional de productos químicos, como gerente de administración en finanzas, que había sido de alguna manera lo mío durante muchos años. Rápidamente, me di cuenta de que había algún problema porque había cosas que no estaban muy claras, y la compañía terminó despidiendo en el año ’90 al gerente general, y en una compañía que vende productos de alta tecnología me nombraron gerente a cargo primero y gerente general después, y me convertí en la primera mujer gerente general de una multinacional en la Argentina en los años ’90; es decir, la primera mujer en la historia argentina en ocupar un puesto de esas características.

María Luisa Fulgueira
CEO de Daltosur, compañía de distribución de productos químicos para la industria.

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