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Revista N° 32


EL GURÚ DE LA MEDICINA ESTÉTICA
Algunos me han dicho que soy el padre de la medicina estética en el continente americano

El hombre que, hace treinta años, importó una nueva especialización a la Argentina Doctor, profesor y pionero, Raúl Pinto conoció la Medicina Estética en 1980 y, desde ese entonces, la empe­zó a difundir en este continente. Un recorrido por tres décadas de ense­ñanza y crecimiento, según la máxima figura nacional en un campo que su­frió muchas críticas hasta llegar a su legitimidad actual.

CE:¿Nos podría dar un recorrido básico por su carrera?
Yo me recibí en el año 1974, el mismo en que se forma la primera sociedad de medicina estética en Francia. Por esas cosas del destino, unos años antes de recibirme, trabajé en Filca, que hacía algunos tratamientos de medicina estética. Muy pocos: algunas varices, la celulitis, el acné y la obesidad. Estos tratamientos conformaban algo así como la primitiva medicina estética. Cuando me recibí, en el año 1974, me puse a hacer lo que sabía, usando lo aprendido en aquella clínica.
En el año 1980, voy a un congreso mundial en Italia, donde descubrí que ya había una sociedad italiana de medicina estética. Me enteré entonces que esta sociedad se había formado en 1974, junto con las sociedades francesa y belga. Unos años después, éstas formaron, junto con la española, la Unión Internacional de Medicina Estética. Yo aparecí en 1980, y me aceptaron en las sociedades italiana, francesa y belga - y luego en la española - en todas como el primer americano en pertenecer oficialmente a la Unión Internacional.

Yo tomé la idea de medicina estética que se practicaba en estos países, y me dí cuenta que había un avance muy importante entre lo que yo conocía y lo que ya existía en Europa. Al estar incorporado a la Unión Internacional, traje la idea de la medicina estética  a la Argentina y me puse a hablar con un grupo de amigos que hacían cosas más o menos parecidas. Algunos hacían várices, otros trataban acné, otros eran dermatólogos y otros hacían obesidad. Se formó así una primera Sociedad Argentina de Medicina Estética, en 1985, que después por razones diferentes fue cambiando de nombre. Ese grupo después se deshizo en 1989 y cada uno hizo su camino.

Yo insistí con esto, permanecí en la Unión Internacional de Medicina Estética, y formé la nueva Sociedad Argentina de Medicina Estética, ya en los años 90. En el año 91 logré que la medicina estética fuera aceptada como un curso posgrado en una universidad, la primer universidad en el mundo que aceptó una actividad universitaria relacionada con el tema, que es la Universidad Kennedy. Un año después, la Sociedad Médica Argentina aceptó una entidad de medicina estética, aunque en ese momento se llamó de otra manera para evitar choques con entidades preexistentes. Se usaron muchos nombres hasta poder ser aceptados como la Sociedad Argentina de Estética, que es el que tenemos ahora.
Algunos me dicen que soy el padre de la medicina estética en el continente americano. De hecho, ya he tenido varios agasajos en varios países del mundo donde me han otorgado ese título. Venezuela lo hizo el año pasado y este año se sumó México. Uno ha pasado algunos años en esto, pero la Medicina Estética todavía sigue siendo joven. Estamos hablando de 37 o 38 años a nivel mundial y de aproximadamente 26 años oficiales desde que se erigió la Sociedad Argentina. La medicina estética actual nada tiene que ver ni con aquella primitiva versión que yo conocí en los 70 ni con la que yo introduje en Argentina en 1980.

CE:¿Qué tipo de cambios sufrió la especialidad?
Los cambios son totales. La medicina estética en el año 74 se resumía a tres o cuatro patologías. Ya en el año 80, el número de patologías alcanzó la docena y las técnicas mejoraron, es decir, se convirtieron en más médicas que cosmetológicas. Hoy en día, los aparatos no se parecen en nada a los anteriores. Tenemos la evolución de los implantes, Botox, etc. Hemos tenido un cambio verdaderamente sustancial, con muchas técnicas mínimamente invasivas y no invasivas. Esto ha llevado a que no solo nosotros practiquemos medicina estética, sino que también lo hagan otras ramas: por ejemplo, los dermatólogos, que en los años 80 no les interesaba la parte estética, hoy en día están abocados a la medicina estética bajo un nombre que es la dermoestética o la dermatoestética. Es decir, los dermatólogos usan la medicina estética a su manera, como también los ginecólogos y los cirujanos, que incluyen técnicas mínimamente invasivas o no invasivas dentro de sus congresos y eventos. La medicina estética ha crecido de tal forma que hoy en día es más o menos parte de casi todas las especialidades tradicionales.
En el año 1974, podríamos haber descrito la medicina estética en un libro de no más de 60 páginas. Seis años después, ese libro podría haber llegado a las 300 o 400 páginas. Hoy podríamos tener varios tomos hablando solamente de medicina estética. La especialidad ha sufrido una evolución. Ahora requiere un proceso de aprendizaje. No se puede abordar como antes, mirando, leyendo y aprendiendo un poquito.

CE:¿Como cambió la educación de medicina estética desde los principios en la Universidad Kennedy hasta ahora en el Instituto Pinto?
Cuando empezamos en el año 1991, ofrecíamos un curso anual que se daba solo los sábados por la mañana. Era absolutamente teórico. Hoy en día, la carga horaria es muy diferente y el trabajo es mucho más extenso. Nosotros tratamos de hacer cursos destinados a médicos. Para los del exterior, los hacemos compactos y continuados, en un mes por ejemplo. Comprimimos los cursos, no en horas totales, sino en horas presenciales. Al médico nacional, mientras tanto, le brindamos la educación de otra forma, a lo largo de un par de días al mes.
Respecto a la cantidad de horas, pensá que cuando empezamos en la Kennedy, eran 100 horas. Ahora estamos hablando de 600 horas. Es decir, la carga horaria se ha multiplicado, como mínimo, por seis. O por trece, si tenemos en cuenta que antes los cursos eran totalmente teóricos y hoy son un 60 por ciento práctico.

"Jean-Jacques Legrand, el padre de la medicina estética mundial, simplemente hizo lo que a todos les daba vergüenza hacer: tratar la parte estética de todas las especialidades."
- Raúl Pinto

CE: ¿Cuales fueron las ideas fundacionales de la medicina estética y cómo fueron cambiando estas a lo largo de los años?
Las ideas fundacionales desde  siempre fueron las mismas. Los que mantuvimos nuestra meta desde el principio seguimos con los mismos ideales: crear, difundir y jerarquizar la especialidad de la medicina estética, idea genial del francés Jean-Jacques Legrand, el padre de la medicina estética mundial, que simplemente hizo lo que a todos les daba vergüenza hacer: tratar la parte estética de todas las especialidades. Al traer la idea a la Argentina, yo pedí que manejáramos nuestra sociedad con ética, bases científicas (no empíricas) y objetivos de formar algo que termine siendo una especialidad. De hecho, es una especialidad. Pero no lo es oficialmente, aunque la gente la pide y los médicos la necesitan. Por eso, va a terminar siendo una especialidad como en muchos países ya lo es.

CE: En cuanto a las técnicas mínimamente invasivas y no invasivas, que son una parte importante de la medicina estética, ¿cómo se caracterizan?
Al principio, todos los tratamientos se basaban en metodologías no invasivas. No invasiva significa que no atraviesa la piel con una aguja, un bisturí u otro objeto. Eso en los inicios de la medicina estética. Cuando descubrí e importé la idea a la Argentina, ya se trataba de una versión evolucionada de la especialidad, una evolución, por un lado, hacia lo no invasivo, que se había convertido en algo mucho más avanzado, y, por el otro lado, hacia lo mínimamente invasivo. Estos dos grupos de tratamientos fueron conformando la base de la medicina estética.
Lo verdaderamente invasivo, o lo invasivo propiamente dicho, no pertenece a la medicina estética, sino a la cirugía plástica. Por tal motivo, y esto es importantísimo que se remarque, siempre insistí en que la medicina estética se dedique a lo no invasivo o mínimamente invasivo, dejando las técnicas invasivas para cirujanos plásticos. Yo tengo muy claro las limitaciones. Siempre luchamos por imponer esas líneas. Es una manera de no pisotearnos, no invadir a otras especialidades, de hacer las cosas que corresponden.

CE: Volviendo al año 1980, cuando se produce ese contacto entre Europa y América Latina, ¿cómo fue la reacción en la Argentina?
 Lo primero que pasó fue lo lógico que tenía que pasar. Ante toda novedad, lo primero que hace la mayoría de la gente es chocar. Cuando traje el nuevo concepto, lo primero que encontré fueron escasos adherentes y una mayoría de adversarios o competidores. En aquel momento, muy pocos creyeron que la medicina estética tenía futuro. Teníamos a todos los colegios e institutos médicos, todas las sociedades médicas y todos los ministerios en contra. Es decir, nos llovían las protestas y las discusiones simplemente porque no se conocían los conceptos, y tal vez nosotros - o yo - no fuimos tan claros para exponer nuestras ideas. Esto nos llevó a pelear muchos años. Tuvimos muchos enemigos, hasta que empezaron a aflojar cuando apareció el apoyo de la Universidad Kennedy. Ahí empezó a disminuir la agresión contra nosotros.

CE: ¿Desde aquel punto de partida en 1980, se pudo nivelar la calidad de la medicina estética en América Latina respecto a Europa?

Totalmente. Nosotros, hoy en día, somos líderes mundiales. No nos consideramos los mejores, pero sabemos que tenemos una formación que está al nivel de lo que se puede aprender en Francia, en Bélgica o en Italia. Nosotros vamos a dar clases a Europa, así como los italianos, los franceses, los españoles y los belgas vienen acá para darnos sus novedades. Lo que demuestra que estamos al mismo nivel.

Raúl Pinto
Fundador del instituto Pinto

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