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Revista N° 39


ADIPOFILL
Una lipoinyección, sin la inyección

Cada vez con más frecuencia, aparecen en el mercado productos novedosos que logran los efectos embellecedores de las mejores cirugías, pero sin intervenciones quirúrgicas. Adipofill es un activo que sirve para rellenar, suavizar y rejuvenecer la piel.

Con la edad, aparecen las arrugas, las imperfecciones y las manchas. Algunos intentan revertir estos procesos con cirugías u otras alternativas invasivas, mientras que otras personas, aunque con intenciones de mejorar su apariencia, no toman ninguna medida, asustadas por las opciones quirúrgicas.

Sin embargo, en los últimos años, se popularizaron las técnicas no invasivas o mínimamente invasivas, como el ácido hialurónico, las inyecciones de grasa autóloga y los activos que producen efectos parecidos al Botox (en inglés, se los denomina “Botox-like”).

Dentro de esta tendencia apareció Adipofill, un activo que se puede agregar a cremas o hidratantes y que genera resultados parecidos a los de las lipoinyecciones, o lipofillings. En estos últimos tratamientos, se inyecta la grasa del mismo paciente al área tratada, restituyéndole su volumen original.

Sin embargo, a través de Adipofill, no son necesarias las inyecciones o las intervenciones quirúrgicas.

Cómo funciona Adipofill

Al envejecer, el rostro atraviesa profundos cambios: envejecen las células, que sufren la progresiva disfunción de su metabolismo; la cutis pierde elasticidad, y aparecen las manchas, las arrugas y la rosacea; y hay una pérdida del tejido adiposo, al disminuir la cantidad y el tamaño de los adipocitos.

En un rostro joven, los compartimentos grasos se encuentran llenos, mientras que en uno envejecido, estos compartimentos están desinflados.

Adipofill contrarresta esta pérdida de grasa. Compuesto por agua, ornitina, fosfolípidos, glicolípidos y propilenglicol, incluye el amino ácido y activo L-ortinina, encapsulado y transportado por ionosomas. Éstos, revestidos de polisacáridos, comportan un eficaz “sistema de entrega” para el L-ortinina y tienen la virtud de dirigirse directamente hacia los adipocitos.

Adipofill es un ejemplo del concepto de hormesis. El vocablo remite al griego “hormeticos”, que significa “estimulación”, y efectivamente consiste en estimular y exponer al cuerpo a una dosis baja de, por ejemplo, una toxina o contaminante.

Idealmente, como la dosis es baja, el efecto será contrario al de una dosis alta, y por lo tanto el cuerpo muestra una reacción adaptativa y homeostática, promoviendo un efecto curativo.

En la lipohormesis, el tejido adiposo sufre estrés, lo que estimula la expansión del tejido a través de la activación del factor 1 inducible por hipoxia (HIF1A, por sus siglas en inglés).

En circunstancias normales, ante un aumento del tejido graso, algunas áreas pueden sufrir hipoxia, y es en estos casos cuando las células activan el HIF1A, para expandir el tejido graso y compensar la falta de oxígeno.

Del mismo modo, en el caso de Adipofill, la proteína HIF1A impulsa el anabolismo de los adipocitos, previene que los ácidos grasos salgan de los adipocitos y promueve el crecimiento del tejido adiposo, disparando un efecto rejuvenecedor.

Esto sucede porque dicha proteína favorece la adipogénesis, que es la conversión de los preadipocitos en adipocitos; la activación de la lipogénesis, que es la síntesis
de los ácidos grasos; y la inhibición de la lipólisis, que es la transformación de los lípidos en ácidos grasos.

Adipofill y los surcos nasogenianos

Las arrugas más difíciles de disminuir, y también las más visibles en el rostro y delatoras del envejecimiento, son los surcos nasogenianos. Adipofill matiza y suaviza estos surcos, y le devuelve al rostro un aspecto más joven.

La compañía de cosméticos Lucas Meyer, responsable de Adipofill, llevó a cabo un experimento para comprobar la utilidad de su producto en el tratamiento de estas complicadas arrugas. Para el estudio, fueron reunidas veinte voluntarias entre los 40 y 60 años y con surcos nasogenianos. A cada participante se le aplicó, en una mitad del rostro, una crema con 2 por ciento Adipofill, y en la otra, un placebo.

Se midieron la profundidad y aspereza de las arrugas antes de aplicar la crema y a los 30 días. Por otro lado, un dermatólogo examinó la suavidad del rostro antes de aplicar la crema, a los 30 y a los 60 días. Además, en el día 60, las voluntarias evaluaron el progreso que habían (o no habían) percibido.

Los resultados fueron contundentes: A los 30 días, en la mayoría de los casos, disminuyeron la profundidad de las arrugas y la aspereza de la superficie del rostro expuesto al Adipofill, mientras que la superficie expuesta al placebo no solo no mostró una disminución sino que, por lo contrario, empeoró en ambos puntos. El estudio estimó una reducción del 37,6 por ciento, para las arrugas, y del 27,5 por ciento, para la aspereza.

En cuanto a la suavidad del rostro, las superficies tratadas con Adipofill mejoraron notablemente, e incluso se observó un progreso sustancial entre los días 30 y 60, mientras que la superficie tratada con el placebo registró resultados mucho menores.

En total, el 85 por ciento de las voluntarias mostraron una mejora, y en tales casos, Adipofill redujo los surcos nasogenianos en solamente un mes.

Al tener que evaluar las mismas pacientes la performance del activo, las respuestas fueron decididamente positivas: el 90 por ciento advirtió que su piel lucía más suave, más firme y menos cansada; el 80 por ciento notó que su piel parecía más rellena; el 75 por ciento, que su piel se veía más estirada; y el 70 por ciento, que el contorno
de sus labios era más suave.

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