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Revista N° 41


ATAQUES DE PÁNICO
CÓMO TRATAR EL TRASTORNO DE ANSIEDAD

No todos los que sufren ataques de pánico lo saben o lo admiten, pero es un trastorno muy común y no siempre se aborda efectivamente. Aunque sean breves, cada episodio afecta la vida del paciente, que aguarda atemorizado el próximo ataque. En este artículo, se describen los síntomas más comunes y los pasos a seguir para solucionar el problema.

El corazón le late como el galope de un caballo. El paciente se siente ahogado, sufre diarrea, temblores, inestabilidad y mareo, transpira y cree que está cerca de desmayarse.

Quiere escapar de donde está, pero lo invade la desesperación. “¿Qué me está pasando?”, se pregunta. “¿Me estaré por morir? ¿Me estaré volviendo loco?”. Quizás se siente avergonzado y decide no contar lo que le sucede. No encuentra las palabras para explicarlo y se siente solo en su desesperación. Esta es la experiencia de quienes sufren ataques de pánico. Es aterradora, pero no siempre existe algo externo que la provoque. El paciente se siente perplejo y devastado.

Teme que se repita el episodio y se percibe absolutamente vulnerable.

Efectos físicos y emocionales

Los ataques de pánico son más comunes de lo que muchos piensan. Es una desregulación del sistema defensivo/adaptativo, marcada por la ansiedad, la cual se dispara sin estímulos y llega a su máxima expresión, el pánico, en pocos segundos o minutos. El cuerpo se prepara para una situación de emergencia, como si
estuviera a punto de atacar o correr; la sangre recibe grandes cantidades de hormonas, como el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina; las pupilas se dilatan para ampliar el campo visual; el corazón late hasta cinco veces más rápido; la sangre se retira de las funciones digestivas y se dirige hacia las extremidades; y la
respiración acelera para que ingresen mayores cantidades de oxígeno al organismo. Toda esta transformación se produce en pocos segundos.

Si el cuerpo responde de esta manera, ya no se trata de una simple activación nerviosa, sino que el paciente está totalmente dominado por esta respuesta de su organismo, y hasta que se desactive no puede recuperar el control. Solo le queda esperar.

A partir de esta experiencia, el paciente queda sensibilizado, con miedo a que recurra el episodio. Este temor anticipatorio aumenta su cuadro de ansiedad, y comienza a organizar su vida en función de sus posibles ataques: evita situaciones nuevas, en las que quedaría vulnerable, o lugares donde se sentiría débil o
encerrado. Incluso, algunos se encierran en sus casas, y no salen de ahí al menos que alguien “seguro” los acompañe afuera.

Este intento de asegurar la vida termina limitándola y achicándola. El paciente deja de salir o no lo disfruta cuando lo hace, deja de probar cosas nuevas y se conforma con lo conocido y manejable. Las situaciones más comunes y simples se convierten en motivos de ansiedad: llevar a los chicos al colegio, manejar por un camino inexplorado, esperar en un consultorio y hacer la cola en el supermercado son todas tareas cotidianas que se tornan titánicas.

De esta manera, la vida social, laboral y familiar del paciente es afectada.

Es probable que el paciente reciba consejos de su familia y de sus amigos, pero éstos no siempre son efectivos. No puede entenderse una crisis, no es cuestión de razonar acerca de ella. Por más que el paciente lo intente, no está en sus manos modificar la situación. Frases como “No tengas miedo” o “¿Qué te puede pasar?”
son fáciles de decir pero no de hacer.

Cuando uno está dominado por el pánico, el cuerpo es el que manda. No hay voluntad ni razón que valga.

TIPS
Si practicamos frecuentemente la meditación, podemos alcanzar un estado de claridad mental en el cual ya no nos aturden nuestros pensamientos y logramos encontrar la paz interior.

TÉCNICAS DE RELAJACIÓN, RESPIRACIÓN Y MEDITACIÓN

Entre las opciones para evitar o contrarrestar los ataques de pánico se encuentran las técnicas de relajación, respiración y meditación.

Las mismas buscan moderar nuestro ritmo de vida y neutralizar el estrés que nos invade continuamente.

Las técnicas de relajación buscan calmar la tensión acumulada en nuestros músculos, mientras que las de respiración nos ayudan a relajarnos y evitar la hiperventilación, que es la respiración rápida y profunda asociada al ataque
de pánico.
Luego, existen las técnicas de meditación, para disminuir la tensión, la ansiedad y el estrés, y aumentar y ejercitar nuestro poder de concentración. Para empezar cada sesión de meditación, debemos encontrar un entorno adecuado que nos resulte agradable. Una vez que lo hemos elegido, debemos sentarnos en el suelo, en una silla o sobre cualquier superficie cómodo. Ya sentados, podemos cruzar las piernas
y mantener la espalda recta, la cabeza erguida con el mentón ligeramente hacia abajo y las manos recostadas sobre las piernas con las palmas mirando al techo.

Durante la meditación, la respiración debe ser serena y pareja, lo que se conoce como respiración diafragmática. Debemos inhalar y exhalar por la nariz, y mantener la boca cerrada.
Por otro lado, debemos realizar ejercicios de concentración. Por ejemplo, podemos imaginar una llama que lentamente se esparce por nuestro cuerpo y purifica cada uno de nuestros órganos, y para concluir, podemos visualizar que la luz solar nos atraviesa como si fuéramos transparentes. Si logramos cumplir estos pasos
satisfactoriamente, deberíamos sentir una sensación de paz y tranquilidad profunda.

Tratamientos

En estos casos, el paciente puede recurrir a un médico. Éste recomendará algunos
estudios, y si todo está en orden, determinará que el paciente sufre estrés. Quizás indique algún psicofármaco para reducir la ansiedad, y es posible que el paciente luego se sienta aliviado, porque los síntomas desaparecen. Pero esto no es suficiente. El paciente debe afrontar un tratamiento farmacológico de la mano de
un psiquiatra especialista en este tipo de medicación y trastornos, para que se restituya el equilibrio a través de la terapia y herramientas adecuadas.

Por otro lado, existe un tratamiento diseñado específicamente para este trastorno: consultar a un psicólogo especialista en ansiedad y estrés, para que realice un diagnóstico y evalúe los pasos a seguir. Es fundamental evaluar todos los factores involucrados: la neurobiología, los factores externos o ambientales, el cognitivo-
emocional, el tipo de estrés, etcétera. El psicólogo cognitivo desarrollará una terapia
cognitiva-conductual: cognitiva, porque se trabajan los patrones de pensamientos y emociones; conductual, porque se realizan técnicas de exposición gradual para enfrentar las situaciones que el paciente preferiría evitar. También puede ser corporal, cuando se practican técnicas de relajación muscular y control de la
respiración.

En la mayoría de los casos, la parte farmacoterapéutica es imprescindible para acompañar el proceso. El paciente debe recuperar su vida y sentir que puede controlar lo que le pasa. Debe evitar sufrir nuevos episodios que refuercen su ansiedad y perpetúen el círculo vicioso del miedo.

Si uno padece este problema, debe buscar activamente un tratamiento focalizado, que lo instruya en la auto-regulación. Los casos tratados con esta terapéutica evolucionan visiblemente.

Entre el primero y el sexto mes, el paciente comienza a recuperarse, y el cambio
tan marcado se debe a que el cuerpo responde rápidamente, los síntomas disminuyen y el paciente vuelve a controlar su vida.

Cuando no se trata este trastorno, el mismo puede causar limitaciones cada vez más severas: dificultad para trabajar; pérdida de redes sociales, amigos y/o parejas, etcétera. Como la mayoría de los trastornos, empeora con el tiempo si no es atendido en tiempo y forma. Obviamente, algunas personas experimentan un ataque de pánico en toda su vida y nunca se repite la experiencia. Cada uno tiene su problema, y la terapia aporta herramientas y conocimiento profesional, para que la resolución del trastorno sea lo más eficaz posible y la calidad de vida mejore sustancialmente.

TIPS
Cuando respiramos, nuestro pecho debería permanecer quieto y nuestro abdomen, mientras tanto, debería subir y bajar con cada inhalación y exhalación.

Lic. Solange García Bardot
Hémera, Centro de estudios del estrés y la ansiedad

Si desea contactar al profesional, para realizar consultas y profundizar sobre lo expuesto en la nota, envíenos su correo a: info@conceptoestetico.com.ar

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