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Revista N° 44


LA IMPORTANCIA DE RECUPERAR EL DESEO
SENSUALIDAD Y PLACER EN UN MUNDO ACELERADO Y ESTRESANTE

Muchas mujeres, agobiadas por su rutina y distanciadas de su pareja, no disfrutan de las relaciones sexuales. En esta nota, Verónica Barrera, de piso pelviano, en el Servicio de Urología del Hospital Diego E. Thompson, nos cuenta su experiencia
como doctora especializada en disfunciones sexuales y en la rehabilitación del suelo pélvico.
Además, habla sobre el Magnus G, un novedoso suplemento dietario, originalmente pensado para el hombre, que también ayuda a mujeres con deseo hipoactivo, como descubrió la misma Barrera.

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CE: ¿Nos podría contar un poco sobre su carrera y cómo llegó al día de hoy?

Yo soy kinesióloga –terapista física y Licenciada en Kinesiología y Fisiatría– y en el año 95 escuché a un médico hablar de la rehabilitación del suelo pélvico y algo me dijo, “Esto me gusta.” Empecé a capacitarme. Acá en el país, en esa época, no había nadie que lo hiciera. Éramos dos o tres, y estábamos iguales. No nos podíamos formar acá en el país, entonces buscamos formarnos afuera, en una escuela brasileña o en Estados Unidos. Y así nos fuimos formando en la rehabilitación del suelo pélvico, que abarca entre otras cosas la incontinencia urinaria, la incontinencia fecal y las disfunciones sexuales. Para mí, la parte sexual tiene una preponderancia importante, y me di cuenta que había una gran insatisfacción y una gran ausencia de deseo en las mujeres. Entonces pensé que tenía que hacer algo integral. La pelvis está dentro de un cuerpo, junto con una cabeza que piensa y un corazón que siente. Entonces la idea fue hacer un trabajo global. Y empecé a tomar cursos y capacitarme específicamente en la parte de rehabilitación de disfunciones sexuales, en lo que tiene que ver con sexualidad humana. Hoy en día, ejerzo en el Hospital Diego E. Thompson de San Martín, que es un hospital público.

CE: ¿Cómo llegaste al hospital?

En realidad, ahí trabajó mi papá. Falleció siendo kinesiólogo de ese hospital, así que yo tenía un aprecio personal. Cuando me recibí me acerqué para poder trabajar ahí, primero ad honorem, un par de años, hasta que hubo concurso y concursé. Pero lo que me llevó a trabajar en ese hospital fue una cuestión personal. Y, además, todo lo que se puede hacer a nivel de la salud pública, ayudar a aquellos que no tienen recursos económicos.

CE: En cuanto a tu consultorio personal, ¿cómo llegaste a inaugurarlo?

Primero trabajé en el centro, después puse un consultorio en Belgrano y finalmente busqué algo en Villa Devoto, y ahora tengo este consultorio cerca de mi casa.

 

"Como de sexo no se habla, uno cree que lo que le pasa, le pasa a uno solo. Cuando, en realidad, lo que le pasa, le pasa a millones de personas ”.
- Verónica Barrera

CE: Antes comentaste que, hace unos años, no se sabía mucho sobre este campo, sobre la disfunción sexual y la rehabilitación del suelo pélvico. ¿Cómo evolucionó esta situación?

Yo creo que en realidad hablar de sexo todavía es tabú. Cuando toco el tema en algún lugar, la gente se pone tensa, se mueve en el asiento. A todos les cuesta. Bueno, a mí no, es como para un dermatólogo hablar de cremas. Pero cuando uno aborda el tema, todavía ocurren ciertas situaciones de incomodidad. Existen muchos mitos falsos que son de conocimiento cotidiano. Y hay cosas que uno no las cuenta también por vergüenza. Entonces, aunque me parece que hemos evolucionado mucho como sociedad, todavía nos falta. Es por eso que uno es el que tiene que abrir el paso. El paciente no va a contar qué le pasa. Yo empiezo, “¿Qué tal? ¿Cómo van tus relaciones sexuales?“Bien”, me responden. “¿Y qué es bien?” “Y, así, bien.” “¿Tenés ganas? ¿O lo hacés porque él te lo pide?” “Y… no. Lo hago porque él me lo pide”. A partir de ahí, me dan el pie para que pueda empezar a trabajar y ahondar en su problemática. La mayoría de las mujeres, un porcentaje muy alto, más del que yo pensaba cuando empecé a hacer esto, sufrió abusos en la infancia o en la adolescencia. Algunas, con violación. Pero otras, abuso de algún familiar, un vecino, un tío, un amigo. Y deben afrontar la sexualidad luego de empezar de manera traumática. Yo les digo, “Bueno, pasó algo, listo. Tomamos conciencia de lo que pasó, lo decimos, pero miramos de acá para adelante. Porque si me quedo todo el tiempo en lo que pasó, me estoy perdiendo de algo mucho mejor”. Siempre trabajo codo a codo con el psicólogo, porque hay cosas que se resuelven en terapia. Pero para resolver la problemática del deseo hipoactivo, trabajamos de acá para adelante.

CE: Antes comentaste que todavía hay tabús relacionados con el sexo. ¿Como cuáles?

Hay muchas mujeres que creen que, cuando están embarazadas, le pueden hacer mal al bebé si tienen relaciones sexuales. Las embarazadas, a partir de la semana 36, cuando están a punto de dar luz, es cuando más sexo tienen que tener. El semen tiene mucha progesterona, que genera una dilatación del cuello uterino. La mujer, cuando tiene un orgasmo, secreta oxitocina, que genera contracciones uterinas. Es una fantástica preparación para el parto. Muchas mujeres creen que, cuando están por parir, no pueden tener sexo porque le van a hacer mal al bebé. Pero jamás le van a pegar la cabeza al bebé. No creo que haya un pene tan largo. Y en cuanto al tamaño, ese es otro mito. La mujer tiene muy enervada la parte externa de la vagina, la parte anterior. No la posterior y profunda. Por eso nos podemos colocar un tampón y no lo sentimos. Más importante que el tamaño sería el grosor, porque el lugar que más se siente es la entrada. Otro mito es que hay dos tipos de orgasmo, vaginal y clitoridiano. El orgasmo siempre es clitoridiano. La única función del clítoris es generar placer. Es el órgano más enervado del cuerpo humano, más que la cabeza del pene en el hombre. Lo que se ve del clítoris es la punta del iceberg. En realidad, el clítoris tiene dos pilares y el cuerpo abraza la entrada de la vagina. Ese mal llamado “punto G”, no deja de ser otra cosa que la manifestación, dentro de la vagina, del clítoris. Con lo cual siempre el orgasmo es clitoridiano. También están las mujeres que dicen que la mujer tiene que ser multi-orgásmica. Y en realidad no es así. La mujer puede tener un orgasmo, dos, tres o muchos. Pero con que tenga uno, ya es suficiente. Algunas mujeres dicen, “No tengo orgasmos”. Pero, si se masturban, ¿tienen orgasmos? Entonces no son anorgásmicas. Hay que ver cómo hacemos, a través de ejercicios o trabajos kinesiológicos, para que esa paciente puede llegar a un orgasmo durante una relación sexual. Ella cree que por no tener un orgasmo a través de la penetración, que es anorgásmica. Pero no lo es. Son mitos que se han formado. Como de sexo no se habla, uno cree que lo que le pasa, le pasa a uno solo. Cuando, en realidad, lo que le pasa, le pasa a millones de personas. Hay que aprender a romper con estos prejuicios, a consultar.

CE: ¿Cuáles son las diferencias entre hombres y mujeres?

Para el hombre es muy fácil pensar en sexo. El hombre piensa en sexo permanentemente, y la mujer no. A la mujer le cuesta, sobre todo con el estrés que tenemos. Para que haya deseo, para que haya excitación y orgasmo, tiene que haber fantasía. La mujer tiene que tener ganas realmente. Hay ciclos en la respuesta sexual, que fueron estudiados por Virginia Johnson, por Helen Kaplan y por Rosemary Basson. Johnson hablaba de excitación, meseta y orgasmo. Kaplan, de deseo, excitación y orgasmo. Y Basson dice que la mujer está neutra y que tiene que haber algo que la excite para que desee tener una relación sexual. El tema es que, antes del orgasmo, entra en juego la acetilcolina, que es una hormona que genera vasodilatación. Porque para que alguien esté excitado, tanto hombre como mujer, tiene que vasodilatar y congestionar su pelvis. Entonces, si la mujer y el hombre están con mucho estrés, esto genera adrenalina, y la adrenalina es vasocontrictora, entonces no hay vasodilatación ni entrada de sangre. Por lo cual, la fase del deseo se corre a la primera fase, donde no tendría que aparecer la adrenalina. Como hay mucha adrenalina, el hombre y la mujer tienen falta de deseo. Por eso es tan importante el juego previo. Es algo que se perdió. Tenemos los celulares más rápidos, el auto más veloz, la computadora más rápida, pero para el sexo se necesita mucho tiempo. Como dice el doctor Juan Carlos Kusnetzoff –a quien adoro, admiro, es mi maestro, un genio–, el hombre necesita 30 centímetros cúbicos para erectar su pene, y eso es siendo generosos, mientras que la mujer necesita 90 centímetros cúbicos para congestionar su pelvis. Eso hace que la mujer fisiológicamente sea más lenta. El hombre es como un Boy Scout, siempre listo: abre paréntesis, tiene relaciones sexuales, y después cierra paréntesis y continúa con su día, con sus enojos, con lo que sea. La mujer no, tiene que ser escuchada, ser respetada, recibir besos y caricias, tomar algo. Todo eso que se hace en el noviazgo, toda esa previa, para la mujer es muy importante, porque para ella la sexualidad pasa más por la cabeza, por el corazón, por los sentimientos, y no tanto por el pene que entra por la vagina. Eso es la frutilla del postre para el hombre. La mujer también disfruta, pero para la mujer es mucho más importante todo lo otro. Utiliza todos los sentidos: vista, tacto, gusto. La mujer, cuando es penetrada, todavía está pensando en la lista del supermercado. El hombre cree que porque tiene el pene adentro, que ya está. Si la mujer se lubricó, ya está. Pero también el clítoris tiene que estar erectado, con una buena vasodilatación que le dé una buena sensibilidad, que aumente el deseo y el placer. Hay que respetar el juego. Y a la mujer también hay que enseñarle que no sea tan pasiva. La mujer tiene que salir y buscar el deseo, pensar en fantasías, en erotismo. Se perdió el diálogo. La mujer tiene que decirle al compañero qué le gusta y qué no le gusta. Y preguntarle al otro, también. Vivimos suponiendo. Y en realidad, ni él tiene que adivinar qué me gusta ni yo tampoco qué le gusta a él. Entonces es bueno poder dialogar y decir, “Bueno, a mí me gusta esto, éstas son mis fantasías”. Y vemos cómo las manejamos. Estas cosas enriquecen un montón a la pareja, retroalimentan el deseo y la pasión.

Verónica Barrera
Kinesióloga, fisiatra y especialista en suelo pélvico.

 

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