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CONCEPTO ESTÉTICO
Sudar: ¿Bueno o malo?.
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Revista Concepto Estético N°47
Julio / Agosto

Sentirnos bien con nosotros mismos y con lo que ocurre a nuestro alrededor, ¿de quién depende, quién lo decide y cuál es el camino? Son muchas las preguntas y una sola la respuesta.
La solución está en nuestro interior. Aunque parezca un gran misterio, es algo más cercano, simple y tangible de lo que podríamos esperar.

Innumerables textos y culturas relatan e intentan develar el secreto. Solamente basta con ahondar en nosotros, ya que una simple reflexión puede llevarnos a resolver el enigma. Pero, ¿por qué demorarnos tanto en hacer aquello que es tan simple? Muchas veces, nos inquieta descubrir cómo nos sentimos realmente. El camino de la verdad no tiene retorno, y cuando lo percibimos, ya no es posible el regreso. También puede ocurrir que nuestra mente no acepte tanta simpleza y que, por lo tanto, subestimemos el poder creador de nuestro deseo: si lo deseamos, podemos sentirnos bien.

En esta edición de Concepto Estético, encontrarán muchísimas terapias, técnicas y productos que nos permiten alcanzar la belleza. Pero estas alternativas solamente funcionan si, en nuestro interior, anhelamos vivir saludablemente, contentos y en armonía con nuestro entorno.

El difícil equilibro entre el deber y el querer, ¿se trata de coordinar impulsos opuestos?
Podríamos, al contrario, considerarlos sinónimos, porque deben serlos para que nuestra vida sea saludable y por lo tanto feliz. Debemos conciliar el deber y el querer, y comprender que si no deseamos algo tampoco deberíamos perseguirlo. De hacer lo contrario, nos sentiremos eternamente en contradicción y discordancia. Desafortunadamente, la modernidad parece alentar este comportamiento. Nos aleja de lo auténtico y nos arrastra hacia la resignación del conformismo para hacernos sucumbir al malestar y, posiblemente, a la enfermedad. Nos hace creer que lo más importante es cumplir con lo correcto, con mandatos que llegan desde arriba.

Distorsiona la única, real y principal consigna: disfrutar.

Tal vez debamos escuchar más a nuestro corazón. Esto implica enseñarle a nuestro cerebro racional que debe atender e interpretar mejor aquello que nos motiva y enciende el motor de nuestra vida. El secreto, quizás, radique en canalizar efectivamente nuestras emociones y no en reprimirlas. Conducirlas hacia un lugar propicio y no anularlas.

La redacción

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